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RECORRIDO URBANO

Nerviosismo, espera, tensión… todos expectantes en ver las primeras carreras, el primer asta… por disfrutar del encierro. La gente espera impaciente divirtiéndose con el Baile de Rueda que se desarrolla al son de dulzaina y tamboril por el recorrido del encierro. Se acercan las 9:30 h., los corredores se van preparando, el nerviosismo va creciendo. ¡¡¡ Ya los tenemos aquí !!! De pronto, al fondo de la calle empieza a verse movimiento, cada vez más rápido y aparece la manada con los toros, las carreras, los sustos, la excitación… 

El gentío da paso a los corredores, al alboroto, al griterío, a las carreras; la intranquilidad de la espera se transforma en multitud de sensaciones, engañar al toro, no tropezar, salir airoso, el ruido de la manada, el gritar de las gentes, la excitación… se acerca la manada, hay que apretar la carrera para, una vez superados por los toros, hacerse a un lado y dejar a otros corredores, a otras carreras, los toros han pasado pero el encierro continúa. Todo dura tan sólo unos segundos, el encierro ha pasado como un suspiro, que bien merece la espera de todo un año. El Embudo, la Resina, los Coches, las Parras, los Paseos… el encierro continúa provocando excitación y griterío, miedo y satisfacción, para una vez realizadas todas las carreras y todos los quites terminar en la Plaza de Toros. 

Vecinos de Cuéllar y forasteros participan de cada encierro, lo viven como principales protagonistas, sufriendo y disfrutando de cada carrera, de cada tropiezo, de cada embestida, de cada cogida como si de ellos mismos se tratara. Una vez que todo ha acabado se forman los corrillos donde se comentan las carreras, los percances, las sensaciones, todos tienen algo que aportar a la conversación ya que cada carrera es diferente y cada uno lo vive de forma distinta.