Cerrando la muralla de la ciudadela por el lado Este se conserva la iglesia de San Esteban que destaca su imponente ábside sobre un estratégico espolón. Arcos, casetones y frisos de esquinilla, definen la alternancia del rojo y el blanco de los ladrillos y morteros de este singular arte mudéjar.

En el presbiterio se levantan cuatro sepulcros ojivales de alabastro del siglo XV, adornados con arabescos mudéjares policromados. En las paredes han aparecido unas pinturas en tonos desvaídos, que representan figuras de santos. Dentro de los sepulcros se encuentran siete esqueletos momificados entre los que han aparecido libros de oración y bulas de los primeros tiempos de la imprenta, algunos incunables.

Se completa este monumento en su entorno exterior con el parque arqueológico medieval donde tumbas antropomorfas se mezclan con silos, pozos y pilas de antiguas tenerías.